¿Por qué tengo
que ser una buena persona?
Esta es la
pregunta que me ha asaltado yendo a la cocina para coger la bolsa de patatas y
paliar mi hambre en lo que veo un capítulo de una serie. Y no, no es retórica,
pueden contestar y darme sus opiniones, me apetece escucharlas más que nunca.
Realmente me
apetece camuflarme en esta pasajera piel de cinismo, misantropía y egolatría
antes de descamarme y volver a predicar el bien universal. Y es que hay veces
que me da la sensación de ser un evangelizador al creer en la ética, la bondad,
la belleza y todos esos sustantivos abstractos que tan bien suenan.
Me pongo
Nietzschano, vaya.
Me he
permitido observar que hay gente que carece de ética y sólo mira por si misma,
que no tiene ningún tipo de escrúpulos, y que no se ha quedado sola. Ya sea porque
se rodean de semejantes, o bien porque disimulan un código de buena conducta.
Probablemente
antes o después esa gente tendrá confrontaciones con alguien de su entorno que
le recriminará su acción porque le afecte en un momento dado.
Sin embargo,
siempre habrá quien permanezca a su lado. Porque siente el deber de respaldar a
esa persona por la amistad que los une, porque conozca una visión parcial de la
situación, porque de verdad sea valorado o sin más porque considere que es una
mala acción puntual.
Imaginen
cualquier excusa pero seguro que “el malo” seguirá sin estar sólo. Piensen en
casos personales o en casos famosos, siempre hay alguien allí.
Y en el
improbable caso de que encuentren a alguien sólo, ¿no será que le gusta que eso
sea así?
Obviamente
esto me lo planteo desde un punto de vista ateo. Si no tenemos una vida más
allá de ésto, si vivimos los días que tenemos y morimos, ¿por qué no vivir al
máximo aunque eso vulnere a los demás? Y me explico, ¿que gano yo
sacrificándome por el prójimo? No me sirve de nada. La conciencia puede ser eliminada,
si es que se tiene (supongo que eso no es discutible).
Y si en la
ecuación metemos dinero no vamos a hablar.
El caso es
que se abre ante mí un mundo en el que no hay limitaciones. Sólo la ley,
impuesta por otros más fuertes y poderosos que yo, justos merecedores de lo que
saquen de ello. Un mundo en el que puedo abandonarme a autosatisfacerme y
disfrutar la vida utilizando para ello a las personas que no me interesen y
conservando a las que me produzcan beneficio, sea personal, monetario…
Y yo, con mucha probabilidad no obtendré
castigo.
Es aquí
donde alguien me diría. “Pues mira, tienes que ser buena persona porque no
quieres ser de la otra forma”. Y efectivamente es así, ¿pero qué razón tengo
para querer ser así? Racionalmente no encuentro ninguna ventaja a la
autocontención frente a la autosatisfacción ilimitada.

