Thursday, September 22, 2011

Nana de olvido

¿Cómo eras?, que ya no te recuerdo. No veo más que una triste figura, al mirarte no me llegan imágenes de ti. Sólo tengo una sensación, una efímera certeza de que no eras lo que veo.

Recuerdo… recuerdo una sonrisa, ¡sí eso, una sonrisa! Y-y-y-y… ¿Que más? A ver, a ver…
¡Ah sí! Alguna frase tuya, coletillas que usabas. ¡Sí, ya lo tengo!

Nos gustaba jugar, correr. Reíamos sin parar, todo el rato, no había momento en que no lo hiciéramos, ¿por qué no íbamos a hacerlo, no? Teníamos tantos motivos para ello.

Nos encantaba mirarnos, también lo hacíamos mucho, y nos acariciábamos… Salíamos de paseo o a la compra sin ningún tipo de pereza, porque estábamos bien. Sin duda fueron grandes momentos. Eras graciosa, inteligente, con un punto canalla que se reflejaba en tu pícara mirada.

Apenas sabíamos nada el uno del otro, y sin embargo, nos conocíamos. Bastante bien además. Adivinábamos que pasaba por la cabeza del otro casi sin quererlo, y compartimos secretos extraños, aunque nos callamos alguno.

Conocíamos los riesgos, y los problemas que traería. Y fue ante éstos que empezamos a ser tú y yo. No hubo más nosotros. ¿Qué fue lo que pasó?

Poco importa ya. Me quedan bonitos… bonitos… ¿Qué era?
Te vuelvo a mirar y se me olvida todo, no te conozco. ¿Qué fue lo que vivimos? Tengo la sensación de que fue importante. Al menos en su momento, sí. Pero… ¿qué?

Ya no sé. Mis recuerdos yacen lóbregos y taciturnos. Busco en tus ojos mi memoria, pero sólo encuentro una triste barca en la que me hallo, navegando a la deriva en un frío y oscuro mar. Apenas me muevo, o si lo hago, es a ninguna parte. No encuentro tierra firme. Nada queda.

Saturday, September 10, 2011

Vivan, sientan, vivan.

No somos lo que parecemos, no lo somos. Detrás de cada gesto que realizamos, puede esconderse una segunda intención. Puede ser un anhelo, una esperanza, la esperanza de que eso que hacemos, de pie a un cambio importante en nuestra vida.

Hay conversaciones que cambian el modo en que vivimos, palabras, que deciden el destino de todo un pueblo, y que sin embargo, carecen de sentido. Pero hay otras que valen, valen mucho más allá de lo que una negociación pueda valer, un único: “Tranquila todo irá bien” consigue apaciguarte en un momento dado, o un: “Eh, tio, ¿estás bien?” sirve para que mejores.

Y aún siendo esto cierto, no hay nada como un gesto. Cualquiera vale, una leve inclinación de cabeza, fruncir el ceño, o lo que más nos gusta, una mirada. Ese momento íntimo aunque estés rodeado de gente, en el que los ojos de otra persona se cruzan con los tuyos y hay una comunicación instantánea, un gota en el tiempo en la que vives una emoción. No serás capaz de traducirlo a palabras. Porque no se puede, la estás sintiendo, y eso… eso ni el mejor poeta puede plasmarlo. La sensación…

Después le contarás a alguien como fue ese momento y ella te entenderá, pero no porque le hayas explicado bien cómo fue o qué sentiste, sino porque lo habrá vivido. Rememorará un instante similar con una persona que es especial sólo por el hecho de haber sido parte de un algo que sólo ellos entienden.

No sé a dónde pretendo llegar con esta reflexión, no sé si es tal siquiera, puede que sea la nostalgia de esos momentos. Pero sí tengo una idea aproximada de lo que quiero, intento que sea un regalo, que saquen de aquí una sonrisa al pensar: “Sí, sé de lo que habla. Era verano, en el parque de al lado de casa con…” o quizás sea: “Yo tengo el mío con… No sé cómo todos éstos no se dieron cuenta, si estábamos ahí mismo, delante de ellos…”

Ojalá consiga mi objetivo pero si no es así, al menos podré decir que lo he intentado. Les invito con todas mis fuerzas a que sientan, sientan mucho de todo, pero a poder ser, sientan acompañados, atesoren momentos como el que les he descrito cuantos más mejor. Significará que están vivos, no se puede pedir más.