¿Cómo eras?, que ya no te recuerdo. No veo más que una triste figura, al mirarte no me llegan imágenes de ti. Sólo tengo una sensación, una efímera certeza de que no eras lo que veo.
Recuerdo… recuerdo una sonrisa, ¡sí eso, una sonrisa! Y-y-y-y… ¿Que más? A ver, a ver…
¡Ah sí! Alguna frase tuya, coletillas que usabas. ¡Sí, ya lo tengo!
Nos gustaba jugar, correr. Reíamos sin parar, todo el rato, no había momento en que no lo hiciéramos, ¿por qué no íbamos a hacerlo, no? Teníamos tantos motivos para ello.
Nos encantaba mirarnos, también lo hacíamos mucho, y nos acariciábamos… Salíamos de paseo o a la compra sin ningún tipo de pereza, porque estábamos bien. Sin duda fueron grandes momentos. Eras graciosa, inteligente, con un punto canalla que se reflejaba en tu pícara mirada.
Apenas sabíamos nada el uno del otro, y sin embargo, nos conocíamos. Bastante bien además. Adivinábamos que pasaba por la cabeza del otro casi sin quererlo, y compartimos secretos extraños, aunque nos callamos alguno.
Conocíamos los riesgos, y los problemas que traería. Y fue ante éstos que empezamos a ser tú y yo. No hubo más nosotros. ¿Qué fue lo que pasó?
Poco importa ya. Me quedan bonitos… bonitos… ¿Qué era?
Te vuelvo a mirar y se me olvida todo, no te conozco. ¿Qué fue lo que vivimos? Tengo la sensación de que fue importante. Al menos en su momento, sí. Pero… ¿qué?
Ya no sé. Mis recuerdos yacen lóbregos y taciturnos. Busco en tus ojos mi memoria, pero sólo encuentro una triste barca en la que me hallo, navegando a la deriva en un frío y oscuro mar. Apenas me muevo, o si lo hago, es a ninguna parte. No encuentro tierra firme. Nada queda.


0 comments:
Post a Comment