Sabías a lo que venías narran las grises
paredes blancas de mi salón.
Nadas entre el verso y la prosa y te
ahogas en letras que resbalan por tu mejilla ansiando los momentos que fueron en
el futuro y dejaron de ser… sí, ya en el pasado.
Descansa la brisa que exhalas por tus pulmones, no merece conocer la tierra que hoy pisas y no debieras. Todo en ti es ánima temerosa de sentir lo que procede, porque desgarra y te condena a lo que bien mereces por ser cierto, real y nada más.
La sinrazón comenzó a pensar aquello
donde las sombras anidan para acompañar desde delante el avance, dificultando
la facilidad y asumiendo el protagonismo de lo que la aventura quiere:
seguridad.
Desde el alféizar contemplo los sonidos
de un mundo ajeno en el que transito con la capacidad de la verdad falsa, sin
temor a quedarme sin nada, aún soy rico y en mis sobres almaceno notas de una
personalidad sabia y sensible que hoy no sirve.
Vuela querida pluma que cuanto me queda
eres, no he aspirado al sol, ni a las caricias del mar que aseguran peces, sólo
a un bocado ingurgitado, a las migajas de las sobras que hoy recorren en brazos
de pequeñas hormigas oscuros laberintos por descubrir.
Vuelve avanzando, si es que puedes.


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