He encontrado versos preciosos hechos de bondad y belleza que aullaban por los rincones a la espera de ser escuchados en una ciudad de ruidos y luces, donde lo espectacular reina y pasa rápidamente desechando lo significativo.
Los encontré magullados por las zarzas de la rutina con su maraña de quehaceres y miedos que se escondían tras unos pétalos rosados bellos y atractivos hechos de seguridad y destino.
De todos esos versos, aislados y solitarios, construí estrofas de historias en común, de luchas con y sin rival, hasta la propia muerte del ser y de la esencia, y todos esos versos aislados comenzaron a dar forma en mi cabeza y corazón un poema precioso itinerante y aventurero. Un poema trepidante, de rima seductora y atractiva aunque compleja y severa.
Y yo sólo soy un verso más en este lóbrego poema alegre que va tomando forma entre todos aquellos aullidos que vagan con sus canas por las ciudades.
Somos solo eso... versos
y hacemos lo que sabemos... poesía.


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