Wednesday, June 29, 2016

Odisea

Entre la muchedumbre y sus gritos
escucho tu voz que me susurra:
NO QUIERO SER TUYA.
No te preocupes, no quiero nada mío.

Disfrutar por fin de la facilidad,
a pesar de la distancia
aunque me consuma el ansia
nuestro único lazo: la complicidad.

Cierro los ojos y nos veo,
aquella noche en tu Parnaso
frotando nuestros cuerpos hasta el ocaso
desbrozando sus versos.

La respuesta no está en el viento,
sino en aquel gemido intenso.
Nuestros espíritus luchando cuerpo a cuerpo
procurando ser eternos.
Venciendo cada día al miedo,
contra sus porras, en nuestro lecho
sin mordazas que aten lo bello
con el puño siempre alto: venceremos.

Esto no es una carta de amor,
no es mi lista de deseos,
te escribo agradeciendo
ese segundo efímero que me salvó.

Compañera, nunca te rindas.
Aquí te espero tejiendo esta tela
y mientras, recuerda:

por favor, protege tu sonrisa.

Tuesday, June 7, 2016

Contar con llevadas

1, 2, 3…

Las veces que veo tu cepillo de dientes todavía en el mismo vaso donde guardo el mío.

Me gusta contar, de hecho soy un profesional del contaje.
Desde pequeño descubrí una magia particular en aquello de poder medir todo; las veces que mamá besaba mis tiernos carrillos, cuánto suena la alarma antes de ser capaz de levantarme para apagarla, el número de veces que miro el teléfono antes de llamarte…

Pero sigo teniendo problemas.

Es que los números tienen diferentes relaciones entre sí y de vez en cuando me pierdo con las que me llevo.
Por ejemplo, el otro día repasaba nuestro último paseo. Fui capaz de contar cuántas veces me miraste directo a la cara: cinco o seis… a lo sumo siete, conté también las preguntas que me hiciste y cuántas eran de verdad; lo primero sumaba varias decenas, lo segundo apenas hacía una entera. También conté  las veces que intenté irme y dejar allí todo congelado hasta que otro fantasma apareciese para aderezar esa ensalada hecha de vacío y silencios con aliño de nostalgia y tus lágrimas (demasiado saladas, demasiado gastadas).

Sin embargo, como casi siempre me perdí en la que me llevaba. Aquel momento en que me dijiste que tú no, pero que si yo sí, ya tal.

También he sido capaz de contar cuántas veces perdí la paciencia, a veces parecen pocas, otras ocasiones parecen muchas para lo que había. Conté las veces que, algo sediento, me sentí amado plenamente por ese espejismo de tu querer y dio justito para no morir.
En estas cuentas me perdí de nuevo cuando me llevé humo y oscuridad.

Ya algo trastocado saqué la calculadora a ver si con algo de frialdad y objetividad me salía el superávit por alguna parte. Tampoco las funciones y estadísticas de ésta me ayudaron demasiado, fiscalicé hasta la última coma de nuestro Excel y algo me debía estar perdiendo, porque no había más que números rojos.

Tan loco me volví, que conté las veces que contamos contigo, contando con no contar contigo, hasta que saliesen las cuentas de tu contador que no contaba con contar.

Claro, demasiadas llevadas.

Y aquí sigo yo, contando con ese fondo buitre: el de ver tres veces cada día tu cepillo en el mismo vaso que el mío, que realmente es todo lo que puedo contar de ti, de mí, de nosotros. Porque de tanto contar ya me cansé, y por no llevarme más, ya no cuento contigo.

Wednesday, June 1, 2016

Paseo por mí

Soy adicto a caminar despacito.

Por Madrid, la ciudad sin barniz.
Aquella en la que los borrachos se encuentran con amigas putas
y les susurran:
¿A cuanto el polvo?
Lo dicen muy enfadados, realmente gritan:
"TE AMO", aún más desesperados

Por las pieles, aquellas que cuando me acarician hacen que me tiente.
Sí, el amor.
Las mismas que me hieren cuando no se comprometen
y hacen que me tambalee
que Soledad me esconda para protegerme.

Por ti, que bebes de mis versos.

Recuerden que soy adicto.